CINCO ALMAS
-¡Puje, Adela, puje! Gritaba eufórica la rolliza comadrona mientras presionaba con fuerza el baqueteado abdomen de mi bisabuela. Este era su noveno embarazo a término, y ella ansiaba poder tener el niño en sus brazos tan pronto como la partera –y su dolor-, la dejaran. Había improvisado como siempre, una caja de cartón que haría...