EL GRITO
La primera vez que tuve ganas de gritar estaba entre cuatro paredes, y rodeada de gente que trabajaba. Todos vestíamos con una bata blanca y una gorra que nos cubría el pelo. Nadie hablaba, el ruido de las máquinas ahogaba cualquier intento de comunicación que fuese más allá de unos gestos. Eran cuatro paredes de...