Extasis.
La luz bajó de intensidad para dejar el escenario en una tentadora penumbra. Aquella diva de ojos marrones había prometido cantar de manera especial solo para mí. Y como por un artilugio poderoso y confabulado, el reloj de pared se detuvo en el umbral del anochecer, coincidiendo con el primer rasgueo de la guitarra. Mi...