Aquel beso entre laureles

Aquel beso entre laureles

Nemrac Pallas

26/02/2021

Un beso entre laureles

Jugando entre laureles, me beso en la mejilla, yo me quede extasiada,
me puse colorada, como aquel suéter rojo que llevaba puesto, se me
reflejaba en la cara, y me dije, dios mio me beso, me beso, y yo,
toda ilusionada, pero al mismo tiempo avergonzada, veras mañana,
cuando llegue a clase se reirán de mi, pero no fue así, él todo
sumiso disimulaba, como si no hubiera pasado nada, pero yo seguía
pensando en aquel beso de adolescente y ala vez inocente entre
laureles, él me miraba y yo, lo miraba, me recordaba de aquel beso
entre laureles.

Así, se termino el
Instituto, y fuimos ha la Universidad, llego él momento de eligir
carera, él escogió Ingeniería de caminos, y yo, Abogacía
criminal, aquí nuestro caminos cogieron distintos derroteros, pero
yo, siempre soñaba con aquel beso entre laureles, una vez terminadas
nuestras carreras, él se fue, a Alemania, ha trabajar en un
proyecto, que le salio ahí, mientras yo me quede aquí en España,
practicando en un despacho de abogados, hasta poderme poner mi propio
despacho, pero yo, siempre pensando con aquel, recuerdo de aquel beso
de adolescente entre laureles.

Fueron pasando los
años, y los míos también, yo, ya no era aquella adolescente que
jugaba entre laureles, y suspiraba por aquel amor de adolescente,
asta que un día, me dijo, Marta compañera de clase, te recuerdas de
Juan, el ingeniero de de caminos, se caso con una Alemana, y yo, que
vivía con la esperanza, de un día encontrarle, se me cayo el mundo
encima, pero mientras yo soñaba con comprarme, un apartamento en
primera línea de mar, para mi ocio, y un perrito pequinés, que le
puse por nombre Chiqui, para mi, como si fuera mi bebe, cada fin de
semana que bajábamos al departamento, me lo llevaba, para jugar con
él en la playa, que era mi gran diversión cuando los dos
corretea-vamos por la arena, era la atención de la gente, ver como
disfrutábamos los dos, pero cuando mas disfrutaba, era al anochecer
cuando no abia gente en la playas, y las olas te daba el agua en las
pierna, y sentía como la arena se deslizaba, bajo los pies,
mientras, Chiqui él pequinés a su manera jugaba.

Pero un buen día,
que estaba bajo aquel crepúsculo, escuchando como las olas sonaban
con su crujir, era como si estuviera soñando, y con sus vaivén, me
trajeran ecos lejanos, y desde la lejanía sentí una voz que me
nombraba, mire y vi, quera mi amor, aquel amor que me buscaba, aquel
amor de adolescente, que entre laureles yo besaba
apasionada.

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