TRAS LA CAÍDA
Hoy tenía que visitar a Dorotea. Era una anciana con depresión. Llamé al timbre y enseguida la puerta se abrió. Me recibió con un tono amable que hacía disimular cualquier atisbo de tristeza si no la conociera. Me invitó al café con sus habituales y deliciosas pastas de hojaldre que ella misma horneaba. Sus arrugas...