Carta I No tengo nada para contarte, María, estoy solo como nunca imaginé, sin experiencias, sin recuerdos nuevos, ni siquiera mis pasiones individuales (que alegran colectivos), aplacan la incertidumbre sobre cuánta soledad me queda por experimentar, que, cuando lo pienso un momento concluyo que no me disgusta en su totalidad, en cuanto quita la responsabilidad...
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