He sentido la perturbación de los sentimientos arder dentro de mí. Ya no me siento como antes, pero ¿cómo podría sentirme igual si cada día evolucionamos, cambiamos y nos convertimos en alguien diferente?

Vivimos en una sociedad donde todos, de alguna manera, buscamos encajar. Queremos pertenecer a algo, sentirnos aceptados y formar parte de aquello que nos haga sentir orgullosos. Yo nunca he querido hacerlo a costa de dejar de ser quien soy. Quizá por eso, en ciertos momentos, he sentido la soledad. Pero no estoy dispuesto a cambiar mi esencia solamente para agradarle a alguien.

Creo que uno debe aprender a vivir siendo fiel a sí mismo. No porque eso garantice que nunca estaremos solos, sino porque las personas que realmente deben formar parte de nuestra vida llegarán con el tiempo. Y quiero creer que Dios también pone en nuestro camino a las personas que corresponden a aquello en lo que nos hemos convertido.

Tenemos que dejar de pensar que cambiarnos para pertenecer a algo necesariamente nos hará mejores. Lo que realmente nos eleva no es la aprobación de los demás, sino nuestro espíritu; aquello que hacemos por otras personas sin esperar nada a cambio. Ahí es donde comienza el amor.

Pero para poder dar amor, primero tenemos que aprender a amarnos a nosotros mismos. Tenemos que querernos, aceptarnos y no abandonarnos por cosas que van en contra de nuestra propia realidad. Compararnos con los demás es algo que probablemente todos hemos hecho alguna vez. Es una emoción humana, pero no podemos permitir que esa comparación termine definiendo nuestro valor.

Cada persona tiene un camino diferente. Tenemos errores, defectos y momentos en los que no sabemos qué estamos haciendo, pero también tenemos virtudes, sueños y la capacidad de cambiar. Y quizá ahí está una de las cosas más importantes de la vida: no solamente vivirla, sino aprender a controlarnos, conocernos y decidir qué clase de persona queremos llegar a ser.

Porque ¿de qué sirve tener una vida si no aprendemos a vivirla?

Por alguna razón estamos aquí. Se nos dio una oportunidad que no podemos recuperar una vez que termina. Entonces, ¿por qué no aprovecharla? ¿Por qué vivir intentando ser alguien que los demás quieren que seamos, cuando podríamos dedicar ese tiempo a descubrir quiénes realmente queremos ser?

La vida está llena de errores, pero también de posibilidades. Y quizá trascender no significa simplemente disfrutarla al máximo, sino aprender a valorar nuestra propia vida sin olvidar el valor de la vida de los demás.

El amor es confuso. Es complicado y, muchas veces, difícil de comprender. Pero también es uno de los sentimientos más poderosos que existen. Es aquello que nos hace ceder, comprender, perdonar y, en ocasiones, estar dispuestos a sacrificarlo todo por alguien que amamos.

Al final, solamente tenemos una vida.

Y quizá aprender a vivirla no significa hacer siempre lo que queremos, sino encontrar la manera de ser nosotros mismos, amar sin perdernos y compartir el tiempo que se nos dio con aquellas personas que realmente hacen que esta vida tenga sentido.

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