Todos los sábados sin falta a las once de la mañana me viene visitar una muchachita que es bastante atractiva, de cierta forma tiene un aire muy parecida al de mis hijas, güera, de cabello castaño que se mira dorado cuando le pega el sol, chaparra y con la nariz toda gorda y fea que les herede. Nomás que está muchacha que viene no tiene el cabello lacio, sino que lo tiene ondulado, así como el mío. El detalle es que no me acuerdo de haber tenido alguna hija con otra mujer que no fuera mi esposa.

Es la única persona que me viene a visitar, ni mis otras hijas, ni mi mujer, ni mi único hijo varoncito tienen la decencia de venir a echarme un ojo. A lo mejor porque siempre les enseñe a ser orgullosos.

Se me hace raro que dicha muchachita venga a visitarme, en un inicio pensé que a lo mejor y se había equivocado de persona a la cual visitar, porque puede llegar a pasar, no la culparía. Pero no, cuando viene me plática de los amigos de mi hijo, de mis hijas, de mi esposa, lo cual me hizo pensar que a lo mejor y se trataba de su novia de mijo. La muchachita igual es robusta, con harto músculo en la piernas a lo mejor y conoció a mijo allá donde luego va a levantar pesas.

Me acuerdo bien de mi chamaco, porque era el único que aún me visitaba cuando me pelie con su madre y me fui de la casa. Era chaparro, pero bien fornidote, todo porque siempre le enseñe a que le gustará el deporte, en especial el box. Luego él pasaba a verme allá a mi taller y ya le pedía que me ayudara a subir a la batea de la camioneta algún refrigerador o alguna lavadora que anduviera reparando en ese momento y ya luego nos íbamos a comer cemitas en el negocio de Don Borrego.

Nunca le conocí ninguna novia formal, si acaso en algún momento me llegaron los chismes de que ya lo andaban viendo pasar por el zócalo con la hija de Doña Lourdes, la que solía tener la tienda de espejos. Así que me emocionaba imaginarme que está muchachita tan guapa que viene a visitarme era su novia, y que a lo mejor mijo no tiene tiempo de venir a verme y por eso me la manda.

Igual me gustaría poder preguntarle por mi hijo, sobre su vida, sobre cómo se conocieron y sobre si todavía se acuerda del pobre perro de su padre.

Hoy es mi cumpleaños y la muchachita ésta vino a verme de nuevo, traía consigo unas flores, nunca me llamaron la atención porque eso nomás es para regalárselo a las viejas, pero viniendo de ella si me gusto recibirlas. También traía un llaverito de guantes de box y una Coca-Cola de las de seiscientos, brillosa por el sudor que se le escurría de haber sido recién sacada del refrigerador. Pobre muchachita, se puso a llorar y sus ojos le comenzaron a brillar de la misma forma que a mijo cuando era niño y se caía o su mamá lo regañaba y me buscaba para pedirme consuelo. También se puso a pedirme perdón por no reconciliarse conmigo desde antes, por ser orgullosa, por no alcanzar a decirme: “Te amo papá”. Ojalá pudiera hablarle y decirle que hoy si se equivocó de persona, pero cuando uno ya termina en el panteón lo único que puede hacer es dedicarse a escuchar a los vivos.

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