«La chacarita» cuento corto

«La chacarita» cuento corto

Débora Gualda

16/11/2022

La bruma era espesa y sus zapatos ya estaban llenos de barro, todos los días hacia la misma caminata para ir a juntar chatarra a una chacarita, era su salida de Shopping, nada lo podría estropear. Con las manos lijosas y el aliento helado seguía su rumbo mientras pensaba en la cantidad de cosas que encontraría ahí, estaba emocionado. Siempre le apasionó él rejunte de chatarra, le encantaba buscarle una utilidad a lo que otros llamaban «Basura», él más bien le decía objeto en potencia.
Entró al lugar, era un gran terreno, lleno de chapas, partes de autos, inodoros desgastados, etc. Empezó a hurgar entre las chapas viejas de computadoras, para ver si encontraba algo interesante, de pronto un frío estremecedor le revolvió el pecho, sintió angustia, ignorando esto siguió recorriendo la chacarita. Ya en la sección de heladeras, va lo que quedaba de ellas, conmovido por la perilla roja de una heladera de los años»50 se predispuso a desencastrarla, estaba muy bien colocada, porque debía forcejear mucho, entre forcejeo y forcejeo terminó tirando una pila de puertas de heladera que se encontraba allí apilada haciendo un gran estruendo, al instante, oyó un susurro muy suave y lento como burlándose:

– Martín… Martín…¿estás ocupado? ja, ja, ja

Martín un poco o bastante asustado recorre rápidamente con la mirada el sitio sin ver a nadie. Al momento la perilla de la heladera cae al piso, espantado corre hacia la oficina de administración y entra.

No hay nadie, se dice a sí mismo, empieza a recorrer la oficina en busca del encargado, sin hallarlo. Las ventanas están cerradas como si hoy no hubiera venido Raúl, el encargado, esto pensaba Martín, mientras observaba el lugar muy confundido.

Martín se acerca a la puerta de entrada, intenta abrirla sin lograrlo, no puede comprender su situación, estaba abierta cuando entre, se decía así mismo. En ese momento agacha la mirada al suelo, con los ojos quebrados por el miedo y brillantes de desesperación ve la perilla roja girar como un trompo al lado de la puerta, esta se detiene y como un dado queda a la vista una cruz.

-Martín!… ja, ja , ja, te estábamos esperando, estamos todos acá.

La habitación se inunda con el potente sonido de la voz, aterrorizado, Martín intenta abrir las ventanas sin resultado alguno, exasperado corre por toda la oficina en busca de una solución, solo quiere huir. De pronto la puerta se abre, con torpeza y alegría corre para salir de la chacarita, pero al abrirse la puerta todo es distinto solo hay chacarita eterna sin portón, una gran pradera de chatarra para aficionados.

-Este es nuestro cielo Martín y ahora el tuyo, susurró por última vez la voz.

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