La Vuelta
A esa gatita aún le quedan mucha vidas por vivir, cuatro para ser exactos. Desde 30 metros, cayó de pie, como todo gato. Bajé y la recogí. Le di un beso y le dije: «¡minina traviesa! ¿qu-énes son unas gatas volado-as? ¿qu-énes? a-gugú» De repente, un hombre, que me esperaba afuera, dispara. Caigo al piso,...