A lo lejos, el mar.
¡Qué absurda es la vida sin adrenalina! Eso es lo que exclamo todos los días al salir de mi oficina. Viviendo entre informes, entregas y ese póster de la playa de Bolonia que he colocado en la puerta de mi despacho. A lo lejos, el mar. Me encamino hacia mi coche, radio a todo volumen...