La jaula abierta.
Me encontré espiando al conejo que, a diario, se colaba en el jardín. Siempre, a media tarde, paseaba tan ricamente por la parcela de enfrente, comía ramitas, saltaba los vallados, cruzaba la calle y, hasta se permitía el lujo de sentarse un buen rato en medio del paso de cebra. Entró por debajo de la...