La migración.
La ciudad había comenzado pequeñita, desde su centro, como un embrión o una semilla. Había crecido poco a poco, con sus casas coloridas, con sus huertos floridos y los naranjos que asomaban su oro rotundo por sobre los cercados; se había extendido hacia los cerros que la rodeaban, envolviéndola dulcemente como un vaporoso y ondulante...