Mi primera escapada
Tan solo quería irme… Así, sin más anhelo que el que ardía en mi pecho costillas adentro, y sin más miedo que el que merecía sentir a mis escasos dieciséis. Por mis tripas corría la adrenalina —caudalosa y febril—, por no saber si la mentira se mantendría indemne, justificando los tres días que pretendía estar...