La patria del general
El general Martín Ocaña aparta zancudos con una mano. La otra sostiene el revólver ya vaciado de su letal carga. A su alrededor yacen los hombres. Unos parecen roncar como niños tras haber jugado, a otros les zumban las moscas que a los muertos acuden. Martín Ocaña mira al argentino, su mejor amigo, y le...