A la mesa con Aronnax
—Adelante, señor. Bienvenido. El camarero lo llevará a su mesa —dijo el recepcionista del restorán, mientras un empleado de guantes blancos me ayudaba a desembarazarme del abrigo que me había visto obligado a vestir por culpa de aquel frío que calaba los huesos. —Muchas gracias, pero no es necesario. Conozco el lugar —respondí un poco...