¡Agujeros!
¡Son jodidamente negros! Tan oscuros e inquietantes como las sombras inescrutables de la memoria. Ya no me atrevo a pasear por las calles, o lo hago retraído, ensimismado, caminando disimuladamente, haciéndome el despreocupado, pero invadido por el terror, el pánico… Aquí y allá se abren repentinos, inesperados, con una irresistible capacidad de atracción. ¡Y, cada...