Hombrecito verde
Cada mañana, cuando el sol todavía no había nacido, lo encontraba en la parada del autobús, inmóvil, con sus gafas cuadradas, gigantes, que le recubrían la cara diminuta. Parecían televisores, y detrás de esas lentes dos ojos pequeñitos, negros, brillantes como los de un jabalí. En la calle a esa hora de la madrugada no...