Por los sentidos al alma
La puerta se deslizó permitiendo ver el exterior y allí estaba él, esperándome, sonriente y relajado. Me abrazó y besó afectuosamente mientras cogía la maleta. “Se te ve agotada, cariño”- me susurró mientras caminábamos- “¿Ha sido duro?”. Suspiré derrotada- “Siete días de largas reuniones, eternas conferencias y escaso descanso te derrotan…cuando no tienes 18 años”-...