SE NOS SECA EL ALMA
Desde el andén se podía ver que se estaba muriendo, los tallos blancuzcos y sin hojas, daban cuenta del olvido, Isabela había enfermado y llevaba dos meses fuera.<?xml:namespace prefix = o ns = «urn:schemas-microsoft-com:office:office» /> Atravesé el patio, acaricié sus ramas huecas, dentro se había ido la vida, la tierra cuarteada era la muestra evidente...