El postre, al horno
Subí el último escalón y, al entrar, vi cómo los 27 bebés me miraban fijamente. Al principio, sentí un abismo ante mí, pero cuando se pusieron a balbucear, mi miedo cesó. Ellos no me juzgarían. Estaban allí para brindarme sus mecanismos y era yo la que tenía que jugar con las variables que me ofrecía...