Abro WhatsApp por enésima vez. Resplandece mi mensaje, con doble check, en azul, sin contestar. La rabia me corroe. Ni que fuera tan difícil teclear un simple: “Sí, ya llegué, mamá. Todo bien”. ¡Ten hijos para esto! Dejo el móvil con desgana sobre la mesa. Entonces me acuerdo. ¡Mierda! Cojo el móvil de nuevo. Marco...
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