Hoy me encuentro más tranquilo, aunque todavía extraño. Empiezo a comprender aspectos olvidados de mí y me pregunto si algún día podré calmar este mar de ideas y este corazón sensible que aún mira el mundo con cierta inocencia.
Durante años terminé buscando afecto en personas que no podían corresponderme de la misma manera. Me aferraba a conexiones inestables, intensas por momentos e inexistentes después. Ahora entiendo que muchas veces intentaba llenar vacíos propios. Aun así, también reconozco fortalezas en mí: sigo avanzando incluso después de decepcionarme.
Con el tiempo sentí un deseo genuino de volver hacia mí mismo. Entendí que mi mente no tolera lo superficial por mucho tiempo y que necesito vínculos honestos, tranquilos y recíprocos. Ella fue una persona joven que apareció en un momento importante de mi vida, y aunque nuestros caminos no coincidieron, agradezco haberla conocido. Hubo cariño, conflictos y heridas, pero también aprendizaje.
Ahora continúo mi camino con más conciencia. Descubrí que todavía puedo querer, aun llevando cicatrices. No sé quién será la próxima persona que llegue a mi vida, pero sí sé que debo encontrarme primero a mí mismo antes de buscar refugio en alguien más.
Hace poco comprendí una palabra: “sonder”. Recordar que cada persona vive una vida tan compleja como la mía me ayudó a salir un poco de mi propio laberinto emocional. Entendí que debo aprender a disfrutar mis momentos sin depender tanto de interpretaciones o expectativas.
Hoy acepto mejor el tipo de persona que soy, incluso mis contradicciones. Todavía siento ciertos vacíos, pero creo que forman parte de aprender a desapegarme. Ya no quiero analizar cada gesto ni forzar respuestas donde no las hay. Algunas relaciones simplemente fluyen y otras terminan, y ambas cosas deben aceptarse.
Curiosamente, en medio de toda esta confusión emocional, también siento algo de paz. No una felicidad absoluta, sino una calma más madura. Entiendo que está bien sentirse perdido a veces, está bien llorar, pedir ayuda y soltar aquello que pesa demasiado.
Después de mucho tiempo siento que recupero una parte de mi inocencia, pero ahora acompañada de conciencia. Empiezo a entender que la luz y la sombra no son enemigos; ambas forman parte de quien soy.
OPINIONES Y COMENTARIOS