A mis hijos para que elijan su talle…

A mis hijos para que elijan su talle…

“Hay situaciones que uno jamás imagina para sí mismo. Tener tres hijos y sentirse, sin embargo, como un conocido apenas tolerado en la agenda de otros. A mi edad, las desilusiones ya no tienen estrépito; llegan con una cortesía amarga, como esas visitas que anuncian demasiado tarde que algo terminó hace años.

Uno busca explicaciones para no admitir el vacío. Piensa en la ex mujer, en las viejas influencias, en las diferencias de carácter, en los errores cometidos durante décadas. Tal vez todo eso pese, desde luego. Pero las relaciones familiares suelen deteriorarse menos por grandes tragedias que por pequeñas indiferencias repetidas con paciencia infinita.

Lo curioso es que el afecto no desaparece al mismo ritmo que la cercanía. El padre sigue recordando cumpleaños, enfermedades, palabras de infancia, mientras los hijos aprenden, casi sin darse cuenta, a vivir en un mundo donde el padre ocupa cada vez menos lugar.

Y así, ciertas noches, el teléfono silencioso adquiere una importancia absurda, como si de ese aparato dependiera todavía la confirmación de haber sido querido.”

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