El latido oxidado del ascensor

El latido oxidado del ascensor

Nuestro ascensor se ha vuelto a estropear. Cada vez estoy más segura de que tiene que ver con los sollozos de la viuda del octavo, el desamparo de la viejecita del tercero o la memoria herida del hombre del quinto. Está claro: «Peso máximo 300 kg», pero a mí no me engañan. Lo que realmente pesa es su nostalgia, su tristeza, su soledad. Ellos se niegan a admitirlo. He vuelto a poner otro cartel: «Eviten el temido letrero de «No funciona» y suban solo con su cuerpo. Dejen que su alma suba por las escaleras». A ver si esta vez hay suerte…

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