Me iba por La Habana —la de los salideros de agua y los ruidos interminables— a caminar sin rumbo. Salía sin rumbo fijo, solo por sentir el aire de la ciudad. Caminaba como quien entra en una iglesia antigua únicamente para escuchar cómo respira la metrópoli. La Habana tenía sonidos que no se parecían a...
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