por LeónRots.
[Una mañana cualquiera]
Un café humea en Montparnasse,
mientras una respuesta involuntaria de lo eterno,
se filtra a través de tu cuerpo.
Con vista a la torre Eiffel,
siempre fue más fácil sentir que pensar.
Quizás por eso te sentí tan cerca,
incluso desde lejos, desde tus gestos
y desde las sábanas de tu cama.
Desde el vaivén invisible que dibujaba el aire que te rodeaba
o desde el cielo despejado que se perdía en el borde de tu alma.
Te escribo desde el abismo que se rompe en tu silueta.
Desde el aviso de tormenta que anuncian tus caderas,
desde la electricidad que hay en la punta de tus pechos
Desde el río de calles y de puentes que baja lentamente por tu espalda
y desde el lugar secreto que escondían las olas de tus nalgas.
Te escribo desde tu órbita —esa que giraba tan cerca de la mía—
como antes, como siempre.
Con asombro, con torpeza y con ternura.
Como un poema que ya fue escrito
una mañana mojada de otoño o primavera,
como tu cuerpo cálido, sensual perpetuo
mirándose en ese reflejo.
Ya no estábamos enamorados,
pero —todavía— era hermoso hacer el amor por las madrugadas.
Con palabras y en silencio.
Desde la distancia, desde lo alto y lo más llano de la perspectiva.
Sin tocarte.
Solo admirando,
cómo se ve París desde tu cuerpo,
despiadadamente deseada, completa, eterna… desnuda,
como seguro estás leyendo estas palabras.
[Ahora llueve en París]
Y el agua me recuerda que el amor no se ahoga del todo
y que solo cambia de aire, naufragando bajo la epidermis,
esperando el milagro que lo salve
Vos te quedaste en las gotas del silencio
Yo me quedé mirándote en cada reflejo
y escribiendo tu ausencia por calles, bares y sueños
Buscándote cada mañana, en los capítulos de un cuento
Si cierro los ojos, todavía estás ahí
con una remera amarilla, y una copa de tinto en la mano,
haciendo gestos, tirando besos
Como el pulso del verso que acaricia tus rizos
Como la fragancia de agosto despierta empapada de luz y de sombra
Como la sonrisa más hermosa,
que me desarma y resucita al mismo tiempo
Así reacciona París cuando llueve,
filtrando lo eterno
en un espasmo sensual de tu cuerpo.
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