París desde tu cuerpo

París desde tu cuerpo

LeónRots

07/05/2026

por LeónRots.

[Una mañana cualquiera]

Un café humea en Montparnasse, mientras una respuesta involuntaria de lo eterno, 

se filtra a través de tu cuerpo. 

Con vista a la torre Eiffel, siempre fue más fácil sentir que pensar. 

Quizás por eso te sentí tan cerca, incluso desde lejos, desde tus gestos y desde las sábanas de tu cama. 

Desde el vaivén invisible que dibujaba el aire que te rodeaba o desde el cielo despejado que se perdía en el borde de tu alma. 

Te escribo desde el abismo que se rompe en tu silueta.

Desde el aviso de tormenta que anuncian tus caderas, desde la electricidad que hay en la punta de tus pechos. 

Desde el río de calles y de puentes, que baja lentamente por tu espalda y desde el lugar secreto que escondían las olas de tus nalgas.

Te escribo desde tu órbita —esa que giraba tan cerca de la mía— como antes, como siempre.

Con asombro, con torpeza y con ternura. 

Como un poema que ya fue escrito una mañana húmeda de otoño o primavera. 

Como tu cuerpo cálido, sensual perpetuo mirándose en ese reflejo. 

Ya no estábamos enamorados, claro, ya no, pero —todavía— era hermoso hacer el amor por las madrugadas. 

Con palabras y en silencio. 

Desde la distancia, desde lo alto y lo más llano de la perspectiva.

Sin tocarte. 

Solo admirándote, completa, despiadadamente deseada, eterna… desnuda, como seguro estarás leyendo estas palabras.

[Ahora llueve en París]

Y el agua me recuerda que el amor no se ahoga del todo y que solo cambia de aire en un naufragio de la epidermis. 

Esperando el milagro que tal vez lo salve.

Vos te quedaste en las gotas del silencio. 

Yo me quedé mirándote en cada reflejo. 

Escribiendo tu ausencia por calles, bares y sueños. 

Buscándote cada mañana, en los capítulos de un cuento.

Si cierro los ojos, todavía estás ahí, con una remera amarilla y una copa de tinto en la mano. 

Haciendo gestos, tirando besos.

Con la sonrisa más hermosa, que me desarma y resucita al mismo tiempo. 

Con el pulso del verso acariciando tus rizos. 

Con la fragancia de agosto empapada de luz y de sombra.

Así despierta París cuando llueve… mojada y sonriendo,

filtrando lo eterno en un espasmo sensual de tu cuerpo.

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