La Ciudad del Placer cambia de nombre con cada forastero que traspasa sus murallas. Hubo un tiempo en que este mapa de los sentidos estaba incompleto: la urbe era un territorio vedado al deseo de las mujeres. Se las consideraba vasijas pasivas, ánforas destinadas a contener el néctar ajeno, nunca a saborearlo. Sobre ellas pesaban...
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