Miserable Amada Mia (part.2)

Mis labios están hartos de ti y manos decepcionadas de tus actos, que dolor es no poder decirte que no te quiero a mi lado; porque necesito de ti, porque al estar a tu lado suelo ser el mismo niño que en algún momento jugó con las hormigas, asesinando una a una, y era yo Juez de la vida y yo era quien decidía quien moría y quien no; pero ahora soy tu prisionero, tienes mi vida en tus manos amada mía.
Oh, prostituta te he visto jugar con el miembro de otro hombre, te he visto excitarle hasta llevarlo al éxtasis por dos o tres líneas de su puño. No quiero tu amor de porcelana; prefiero tu amor de arcilla sin ser pasado por fuego.
Oh, desquiciada bipolar que me haces reír mientras lloro a un ser querido que se fue al descanso, respétame cuando quiero sufrir así como te revuelcas de placer al hacerme sufrir, cuando quiero un día de paz.

Quiero aprender a valerme por mi mismo, ya no necesito que me acompañes a bañarme para que quede limpio, no quiero que me enseñes a escribir; es mi momento de garabatear y aprender tal cual lo hace un loco. Debo confesar que cuando me llevas a cama, me arropas y te observo te amo mas, desdichada amada mía.
Hazme soñar envuelto en papel periódico o sanitario, burlado de la mayoría pero saciado de tus espasmos, somos enfermos pero no sé donde y cuando, quizá fue desde que empezó a gustarme que me golpees mientras duermo o desde la primera vez que me tocaba mientras hablábamos; aquella noche de abril cuando descubrí que el sexo no era necesario, que podía acabar con oler mi poemario, apretando fuerte su cuero para hacer brotar olor a muerte y las mentiras de un hombre sincero.

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