Mi acertada decisión
Tuve que quitar los lastres que me ahogaban en la miseria ¡ésas tantas riquezas! (por las que había trabajado), que me daban confort y comodidad, pero me asfixiaba el alma. Tomé lo más apreciado, mis hijos, una de las maletas quedó repleta de bisuterías (mi debilidad) y mis muchos perfumes, cada uno de éstos últimos...