La agradable sensación de un fular de seda
El despertador no había sonado aún cuando me sobresaltaron los ladridos. En un primer momento pensé que las pilas se habrían agotado, aunque me extrañó que también hubiera fallado la alarma del móvil. Al perro de enfrente no se le suele oír hasta que sus dueños salen por la puerta, a la hora que desayuno...