Madrigal de los reptiles
Germán Santoyo levantó la copa a la altura de los ojos, como si a contraluz pudiera vislumbrar un banco de peces iridiscentes jugando a esconderse entre los manglares que se ondulaban al son de la minúscula marea del aguardiente. Pero sólo vio el licor que temblaba al mismo ritmo de su mano huesuda y mapeada...