La Línea del Horizonte
Yo era una pluma a merced del viento. Flotaba plácidamente sobre la ciudad, sin otra tarea que dejarme llevar. Anochecía, pero el cielo aún conservaba retazos de azul. Algunas nubes de algodón parecían atraerme hacia sí. Allá abajo, cada vez más lejanas, se divisaban algunas ventanas iluminadas… —¡Malditos terrícolas! El grito me sacó de golpe...