La nueva era
Iba a menudo a la montaña, más carpa, galletas y bebidas. Contemplaba detenidamente la panorámica, el pronunciamiento del sol, el fondo perenne del cielo, luego, como los colores iban degradándose hasta oscurecerse, surgía la luna, mi lámpara nocturna, allí cantaba y jugaba con millones de estrellas, acompañándome la sinfonía de la naturaleza. En la ciudad,...