Todos bien, gracias a Dios
Todo comenzó con un zumbido, de esos que invaden el oído y taladran las entrañas. Después, un estupor, como si el aire se volviera denso, casi nublado. El ruido constante atiborraba el espacio: cuadros azotando a la pared, cristales estallando contra el piso, gritos a la distancia además de un extraño crujido proveniente del suelo,...