Un paraíso de boñigas.
Nunca he acabado de entender ese frenético empeño del género humano por viajar. Arrastrar pesadísimas maletas repletas de vestuario y accesorios cuya mayor parte no utilizarán más que en su imaginación, alejándose de las comodidades del hogar hacia un entorno extraño sin percatarse de que como dijo Robert Louis Stevenson «No hay tierras extrañas. Quién...