Los escalones de Malasaña
Los escalones gruñían con cada escalón que subíamos. El viejo edificio de Malasaña protestaba ante la concurrida presencia de jóvenes precarios que recorría sus entrañas aquella mañana. Al entrar, sorpresa y miradas de situación. Cuatro o cinco parejas se miraban de reojo entre los tal vez veinte metros cuadrados de aquella enjuta buhardilla. Entre todos...