Nada es perfecto
Esa noche no pude cenar, había perdido el apetito. Tampoco era capaz de comentarle a Eleonora lo que había sucedido. A la mañana siguiente me vestí como siempre y salí a la calle sin saber dónde ir. El ruido del tránsito me molestaba más que nunca. Caminé hacia el metro como un autómata, bajé al...