Y ESA NOCHE
Y esa mañana, imaginé cómo sería la noche. Eran las tres de la madrugada, la luna clareaba como si fuera día y el rocío nocturnal deslizaba sobre los vidrios de mi ventana. La inquietud no dejaba conciliar el sueño. Opté por la práctica universitaria los fines de semana, veinticuatro horas seguidas sin dormir, en una...