A quien no se ha ido
Una carta para los que no descansan y los recuerdos que se niegan a irse. Una voz que susurra ausencias, calor y silencio, recordándonos que lo que dejamos atrás nunca se pierde del todo.
club de escritura Fundación Escritura(s)-Fuentetaja
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Cartas desde el polvo Una carta para los que no descansan y los recuerdos que se niegan a irse. Una voz que susurra ausencias, calor y silencio, recordándonos que lo que dejamos atrás nunca se pierde del todo.
Dele vida a Pedro Páramo. Fantasee altivo. Rescate desde una carta manual y sensorial, desempolve el polvo del olvido, que no fue tan olvidado. Vaya paradoja. Tal vez, fue más apreciado que lo estipulado y calculado. Para filosofar, lo que pinta la soledad trae confusiones y figuras de consecuencias raras y extrañas. Araña la huella...
¿Te acuerdas, mamá? Aquel día me cambiabas el pañal y yo no paraba quieto. Papá tuvo que sujetarme las piernas, como siempre lo hizo y lo ha hecho. Su premio fue un baño de orines del propio hijo. Reímos los tres, mientras él se limpiaba la cara y se quitaba la camisa, más sucia por...
Te he buscado no sé por cuánto tiempo, creyendo que continúas por este espacio desolado. ¿O acaso lo que ahora eres, también me menosprecia? Llegué a conocer tus imperfecciones; sin embargo, en lo más profundo de mi ser, confiaba en ti como intermediario ante el omnipotente. Durante toda una semana me aferré a la vida...
Querida prima Soledad, Te escribo con la tarde encima, desde el corredor donde el calor se asienta como si también él hubiera decidido quedarse a vivir aquí para siempre. En Comala el tiempo no pasa —se pudre, despacio, con dignidad. Los días se parecen tanto entre sí que uno termina por no contarlos, y ya...
Una mujer que vive en Comala escribe cartas dictadas por los muertos que aún murmuran en el pueblo. Cuando las voces comienzan a pronunciar el nombre de alguien que todavía no ha llegado, comprende que los recuerdos de Comala siempre encuentran a quien buscarlos.
Hace tiempo que mi cuerpo perdió su forma, más no ha dejado de latir su pasión. Una pasión que me permite estar y permanecer. Mi legado más allá de Comala tiene nombre y es una virtud. Logré aprender a vivir por amor, sin dejar de lado mi noción de morir por ello. Escribo entre susurros, pues el verdugo aún camina. Pedro es buscado y mi amada niña leerá sobre él, sobre el poder de sus manos. Aunque también me leerá a mí, fundido para siempre con Comala, pero fiel guerrero que sirvió de llave para la fe. Un hombre que tamién fue esperanza.
Toda mi vida solo he sido y aun soy, un “Fan Boy” de Pedro Paramo. No mucho más. Con una moto china de bajo costo dejé todo atrás y me interné en el Méjico profundo, 14 horas de camino por autopistas, carreteras y ahora un estrecho sendero hecho prácticamente de polvo. El monótono crujido del motorcillo...
En el camino de subida, durante la canícula «A ti te hablo, Comala, pudridero de polvo y sombra. Tú que sigues oliendo a culpa vieja. Vengo en nombre de mi madre, que se llama Todas. Quisiera escupir tu suelo, pero no es culpa tuya que en tus muros todavía mande la sombra de un cacique....
Querido, Agustín. Dios creó el purgatorio y le llamó Comala; ahora nadie puede convencerme de lo contrario. El Señor nos dejó morirnos de olvido y el olvido se mudó a otro lado, así de jodido estamos. Imagínate que nos matamos una y otra vez, a ver si la siguiente vez tenemos suerte y San Pedro nos abre...
Desconozco si esta carta llegará a tus manos o si quedará, como todo aquí, suspendida en el aire caliente que parece recordar más de lo que permite olvidar. He aprendido, en estos días que no sabría medir con relojes de mi tiempo, que en este pueblo el tiempo se espesa. Joder, no avanza. Vine desde un...
A quien corresponda: Hijos de ese tal Pedro Páramo, todos los hombres de este pueblo que dicen conocerlo, en realidad lo que siempre quisieron fue emularlo. ¡Y a mí que no me lo nieguen!, porque los conozco bien. Ante mí no pudieron callarse ningún secreto, los muy hocicudos. Tampoco los culpo; por esos días era yo...