Siempre estás presente
Cariño mío: Luego de dos décadas, volví a Comala y subí hasta la colina. A lo lejos, miré mi hogar hecho añicos. Al entrar, tu nombre se veía en cada rincón. Pensé: Ya estoy acá, y dispuesto a escribir otra carta más y no ocultar lo que siento desde tu partida, sin preocuparme del mañana,...