Un lobo blanco cruzó un prado oscuro. Buscó un rastro, un olor, una pista amiga. La luna brilló con furia. Un ruido. Bajó sus ojos. Vio un barro oscuro. Sintió pánico. Avanzó. Su clan ya no pisaba la pradera. Miró arriba, lanzó un aullido largo y aguardó. La Nada lo inundó todo.
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