La Duda Sigue Ahì

La Duda Sigue Ahì

Ernest Tellols

01/06/2026

Cuando hablamos de desamor, todos entendemos de qué se trata. Lo reconocemos al instante, casi con un gesto, como quien palpa una herida vieja. Pero cuando intentamos hablar del amor, el terreno se vuelve más movedizo. Sabemos lo que sentimos, sí, pero ponerlo en palabras es otra historia.

Quizá sea porque el amor no se vive siempre de la misma forma. No es igual el amor hacia una persona que el que sentimos por la naturaleza, los animales o incluso ciertos lugares que nos marcan sin que sepamos por qué.

Pero detengámonos en el amor entre dos seres humanos. En mi caso, por lo que he vivido, hablo del amor entre un hombre y una mujer. Hay otras formas, claro está, tan válidas como la que conozco; simplemente no me atrevo a describir aquello que no he experimentado. El amor, al fin y al cabo, es un asunto delicado, y cualquier torpeza podría usarse en mi contra. Así que prefiero no enredarme.

Lo cierto es que el amor entre las personas que sean, se transforma con los años. Está ese amor juvenil, casi sagrado, donde uno coloca a la otra persona en un pedestal y la mira con los ojos llenos de asombro. Y luego, con el tiempo, llega un amor más sereno, más verdadero, hecho de comprensión, de gestos pequeños, de la voluntad de sostener al otro incluso cuando la vida pesa. Es un amor que podría llamarse fraternal, pero que tiene algo más: una complicidad silenciosa que solo los años saben regalar.

Dicen que entre el amor y el odio hay una línea tan fina, que casi no se distingue. Y es cierto que, cuando el odio logra hacerse un hueco en la pareja, crece como una grieta que termina por partirlo todo. Pero eso es desamor? Yo creo que no. El odio es ruido; el desamor, en cambio, es silencio. Es otra cosa. Y estoy seguro de que todos, alguna vez, hemos rozado ese silencio.

No es fácil separar una cosa de la otra. En la convivencia, donde los días se rozan y a veces se desgastan, quizá el amor pueda diluirse sin que nadie se dé cuenta. Pero aun así tengo mis dudas.

Porque todos hemos tenido, o eso quiero creer, un amor no correspondido, o un amor que se truncó de golpe, sin explicaciones, como un libro al que le arrancan las últimas páginas. Los amores de juventud suelen dejar marca, pero no os engañéis: también con cuarenta o más años, en plena madurez, se puede amar hasta el temblor. Y cuando ese amor se quiebra de forma repentina, no siempre llega el desamor. No hay tiempo para ello.

Por qué sucede? Tal vez porque al enamorarnos sentimos que algo dentro de nosotros rejuvenece, como si la vida volviera a encenderse. O quizá porque, sin notarlo, nos volvemos un poco ingenuos. El cerebro guarda misterios que ni él mismo se atreve a revelar.

Y entonces llegamos a ese punto que me intriga:
las dudas del desamor.

Quién no ha cruzado la mirada con un viejo amor y ha sentido un escalofrío recorrerle la columna vertebral? Quién no ha vuelto a esa sensación que creía enterrada, esa mezcla de emoción y torpeza que nos pone ojos de “cordero degollado”?
Y no hace falta que haya sido un amor de adolescencia; basta con que la historia quedara a medio escribir, sin convivencia ni desgaste, para que el corazón conserve intacta aquella chispa.

Por eso me pregunto, y os pregunto:
El desamor siempre llega?
Porque, en mi caso, la duda sigue ahí.
Y en el vuestro?

Etiquetas: relato corto

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