“Juégate el 48”. La voz de Fito sonó con autoridad y una incuestionable certeza. Yo le conté ese día de un sueño donde vi a mi padre, a lo que inmediatamente respondió: “Cuando uno sueña con un muerto hay que jugarse el cuarenta y ocho”. Nunca había jugado la lotería pero decidí hacerle caso. Me acerqué al kiosco de la señora Eufracia mientras ella regañaba a su hijo, un reconocido vago de la zona: “Ya tienes 48 años, Manuel, haz algo con tu vida”. Allí estaba el número. Tuve que escoger entre una docena de loterías hasta encontrar lo que buscaba. En ese momento una chica linda que venía en bicicleta se acercó al kiosco a comprar chocolate oscuro y me preguntó la hora: «1:48», le dije con voz de locutor. Entonces me fijé en la cifra que indicaba el ticket seleccionado: Sorteo 048. La voz grave de Fito retumbó nuevamente en mi cerebro: “Juégate el cuarenta y ocho”. Este domingo a las 10 de la noche sabré si tenía razón.

URL de esta publicación:

OPINIONES Y COMENTARIOS