Aquel místico veneno se paseaba por las calles de la ciudad sacándose el sombrero y saludando cordialmente. Nadie lo saludaba, así que como intruso invadía las casas. Interiormente nadie le prestaba atención, la reacción fue la impiedad; asesinaba sigilosamente todo lo que respiraba. La agonía atroz de las víctimas causaba cierta desazón al ayudante. En...
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