¡Hola a todos!

Esta vez quiero relatarles la historia de un sitio, un lugar que puede ser común y corriente al ojo inexperto, pero en realidad es un lugar mágico lleno de posibilidades. Utilizado por todos los famosos escritores de cuentos y leyendas del mundo.

Un sendero, un camino, un derrotero, como el que llevó a Caperucita Roja a través del bosque a la casa de su abuelita y donde se encontró con el lobo feroz. O quizá como el que atravesaron Hansel y Gretel cuando encontraron la casa de dulce y la bruja malvada. Toda proeza digna de ser contada no puede existir sin que se lleve a cabo un recorrido en un largo y tortuoso camino, lleno de peligros en ocasiones, pero también repleto de posibilidades e ilusiones.

Todos tenemos un camino, como podemos descubrir filosóficamente, el gran camino de la vida al cual somos arrojados desde el día que nacemos. Hoy, mis muy queridos lectores les relataré la historia de un sendero por donde se han recorrido tres vidas, llenas de retos y sin sabores, pero también con sus recompensas y sueños.

En aquella época, era solamente un crío de no mayor de 15 años, gozaba de los pasatiempos de esos días sin tecnología como jugar diferentes juegos de mesa y salir en bicicleta. La realidad es que era un chico un poco solitario, pero contaba con amigos leales, compañeros de hazañas con los que me reunía y caminábamos ese sendero, hablando de nuestras cosas, como muchos adolescentes de esos tiempos, sin internet, pero con muchos sueños y metas por delante.

El camino que recorríamos podía ser insulso e insípido en sí, como lo son muchos, sin embargo, para nosotros era nuestro tiempo y lugar ideales, donde hablábamos de nosotros mismos, imaginábamos odiseas sin igual. Sorteábamos aventuras y decisiones de qué camino seguir, por donde ir, donde detenernos, en ocasiones simplemente nos plantábamos en una banca de un parque a observar y luego emprender el regreso a casa después de varias horas, al final de esas maravillosas tardes de juventud.

Aunque en realidad nunca nos arriesgamos, que yo recuerde, a parajes verdaderamente peligrosos, el simplemente poner un pie delante del otro nos daba la sensación de aventura y conquista que unos muchachos de muestras edades necesitaban. En una ocasión caminamos tanto por falta de recursos para tomar el transporte público que cuando logramos regresar a casa solamente nos despedimos casi sin hablar, adoloridos de los pies, sin embargo, muy contentos de la hazaña realizada.

De los senderos como tales podemos hablar por horas, son caminos trazados por otros que han explorado, que han dudado y que han prevalecido. El camino es como el mar en muchas formas de verlo, sales de un sitio seguro a lo desconocido, no importa si solo vas a la tienda de la esquina o al otro lado del globo, puedes disfrutar, si te atreves a imaginar y darte cuenta de los detalles que, debajo de cada piedra o al doblar de cada esquina existen, puede ser algo maravilloso, digno de contemplar por un instante.

En el mar necesitas de una brújula y mapas para llegar a tu destino, en el sendero muchas veces únicamente cuentas con tu instinto, si estas en búsqueda de una aventura deberás estar atento a cada paso, porque cualquier cosa que se cruce en tu camino puede ser un amigo o un obstáculo en tu empresa.

El sendero te otorga la oportunidad de verte a ti mismo, si lo recorres solo, puedes examinarte, verte en realidad como te comportas en medio de una incertidumbre o el cansancio.

Recuerdo en esos andares con mis amigos, siempre pensábamos que estaríamos haciendo después de diez años, de eso han pasado más de treinta y, cuando nos vemos aún reímos imaginando las ocurrencias que teníamos a esa edad. Nuestra timidez ante todo a las chicas. En una ocasión caminamos tanto detrás de un par de muchachas lindas, a cierta distancia para parecer casuales, aunque no lo logramos, simplemente para nunca atrevernos a hablarles. Que bueno que esos días no se escuchaba acerca del acoso y esas cosas porque quizá nos hubieran acusado de ello…

El sendero era relajante, si tenías una trifulca en casa, salías solamente a caminar, a “andar el sendero” y ponías en orden tus ideas.

Un buen camino es como una pareja excepcional, no importa cuantas veces estén juntos y lo recorras, siempre encontrarás algo nuevo que puede maravillarte, el camino de escucha y comprende en tu interior y tú lo haces vivir a través de tus recuerdos.

Con mis más íntimos amigos de la pubertad recorrí muchos caminos, hoy al vernos puedo ver aún a esos tres chicos temerosos que se lanzaban al camino sin saber muy bien que era la vida y que debían hacer para conquistarla. Pero ¿Acaso no es así como inician las aventuras épicas que vemos en la gran pantalla?

Hoy nos vemos, después de muchos senderos recorridos y advertimos a tres hombres que a pesar de nuestras caídas estamos de pie. En ocasiones pienso que ese deambular por avenidas y calles, tanto conocidas como desconocidas nos salvó de muchas cosas. Como todos, tenemos personas que no lograron llegar a esta etapa de la vida, algunos se hundieron en vicios o delincuencia, otros en revueltas ideológicas. A nosotros el “andar el sendero” nos mantuvo limpios, alejados de problemas, unidos, a pesar de que la vida se encargaría de separarnos a su tiempo, uno del trío se separó pronto cuando consiguió un empleo en el extranjero, trabajando en un crucero, a pesar de que no teníamos en aquellos años la tecnología para unirnos como hoy en día, tampoco nos alejamos.

Aún en la distancia nos une una hermandad que solo se logra cuando caminas por largo tiempo con esas personas, verdaderos lazos fraternales, recuerdo con mucho cariño a uno de mis amigos de sendero que me recuerda que soy el hermano que la vida le regaló…

Los senderos son realmente lo más simple y mágico del mundo, ya sea en la vida real o en los libros de fantasía; son sitios donde puedes ver de dónde vienes, pero en muy pocas ocasiones tienes un destino claro, no puedes asegurar a donde llegarás. A cada paso puedes tener una nueva decisión, una bifurcación. Eso es lo que en realidad los convierte en espacios mágicos, cuando tienes un destino totalmente definido, el camino es nada más una herramienta para llegar a ese lugar, pero cuando simplemente sales a caminar, sin rumbo o destino establecido, puedes estar orgulloso de lo que logras a cada paso porque en realidad has vencido al azar, el gran juego cósmico y logras un cometido, que es el avanzar.

Puedes sentir miedo de lo que te espera en tu destino, sin embargo, siempre tendrás la calidez del sendero, de tu camino que te abraza, como dando un abrazo fraterno a su compañero eterno. También el sendero te podrá obstáculos porque un camino fácil nadie lo recuerda y no te brinda ningún aprendizaje, pero el que te pone en ocasiones de rodillas, al borde de la derrota te brinda la oportunidad de salir de él como mejor persona, más sabio y en ocasiones más cauto para enfrentar la vida.

Mis buenos amigos, escribo hoy estas escasas letras, para rendir un pequeño tributo a todos esos paseos donde hablábamos sin parar, esperando lo mejor de nuestros futuros, creyendo que por derecho los obtendríamos sin imaginar el trabajo duro que eso conllevaría. Algunos lo han logrado, otros quizá solo somos la sombra de lo que deseábamos ser, no obstante hemos prevalecido en la batalla y eso es para estar orgullosos de quienes somos.

En una canción de la época de nuestros padres, se escuchaba algo así: “No hay camino, el camino se hace al andar” … Yo me atrevo a contradecir eso y pensar que el sendero ya está, únicamente hace falta atreverse a andarlo.

Un sendero es una vida, la vida es una sin fin de oportunidades donde si tienes la capacidad de asombrarte, a la vuelta de cada esquina podrás ver y experimentar algo que valga en verdad la pena, sin importar su precio será valioso para ti.

La vida misma es un sendero, en el cual todos sabemos nuestro destino, pero lo realmente interesante y lo que importa es como avanzas en el camino…

FIN

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