Por mi barrio de La Aurora solía pasar un hombre montado en un triciclo enorme, de esos fabricados, aparentemente, con los restos de otros tres triciclos que habían tenido una vida bastante difícil. Llevaba un megáfono amarrado al manubrio y avanzaba lentamente por las calles, anunciando su negocio con una voz metálica que podía escucharse...
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