Érase una vez un pegote de barro que vivía en el fondo de un agujero. Su única ocupación consistía en mirar, a través de la angosta abertura de su agujero, las nubes pasar… Le fascinaba su contemplación: eran tan diferentes unas de otras, tan sorprendentes… y siempre tan divertidas… Un buen día se quedó anonadado:...
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