De carne y hueso
—Lástima que no haya billetes para maniquíes —le susurré al oído a mi mujer mientras empacaba—. En verdad desearía llevarte conmigo, querida. Acaricié su cabello sintético por última vez y recordé nuestro recorrido como cónyuges, desde el día en que la tomé prestada para estudiar, hasta aquel que la rellené y la llamé María. Qué...