Banquetes cotidianos
Insomne. Una luna adamascada encabrita la noche de crines azules. Bajo esa fruta que cuelga en la ingravidez del éter conmovido, desmigo los cantos de una guitarra de pájaros que revuelve mi pecho con sus acordes locos. Amargos, son un puñado de magnesio que cuaja mi pensamiento como un queso. Cae desde esa altura una...